El lunes 23 de marzo de 2026, el Centro Universitario de los Lagos (CULagos) de la Universidad de Guadalajara (UdeG) celebró una emisión más del ciclo 2026-A del Seminario Rosalind Franklin, dedicado a la divulgación de la ciencia.
Esta vez, la invitada fue la Dra. Sofía Loza Cornejo, Profesora Investigadora Titular A en CULagos. Estudió la Licenciatura en Biología en la UdeG, y la Maestría y el Doctorado en Ciencias en el Colegio de Postgraduados. Tiene el reconocimiento como Profesora con Perfil Deseable PRODEP y es integrante del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) Nivel I.
La Dra. Sofía Loza también forma parte del Cuerpo Académico Consolidado UDG-CA-611: Neurociencias y Fitofarmacología, teniendo como principal área de investigación la botánica estructural y funcional de especies vegetales silvestres y cultivadas. Actualmente, imparte clases en la Licenciatura en Ingeniería Bioquímica y en el Posgrado en Ciencia y Tecnología del CULagos.
La conferencia se llamó «Hierba buena nunca muere: Ginkgo biloba, superviviente de una explosión nuclear». El objetivo, en palabras de la ponente, fue «platicar sobre esta especie vegetal que es interesante, entre muchos aspectos, porque es superviviente de las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki», esto en Japón, en el marco de la Segunda Guerra Mundial.
Tras dar una comprehensiva contextualización sobre el contexto del final de dicha guerra, sobre las características de Little Boy y Fat Man, las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, respectivamente, y sobre las condiciones en que fueron detonadas estas armas, además de la profunda destrucción que causaron, la Dra. Sofía Loza habló sobre las consecuencias de estos eventos nucleares.
«El impacto fue tan terrorífico —expuso la ponente, citando el comunicado lanzado por Radio Tokio tras la bomba en Hiroshima— que prácticamente todos los seres humanos y animales fueron literalmente marchitados hasta la muerte por el tremendo calor y la presión originada por el estallido».
Después, la Dra. Sofía Loza abordó tanto los efectos inmediatos como los de largo plazo de los impactos nucleares, hablando de las ondas de choque, el cáncer, los efectos genéticos, y la contaminación del terreno. En medio de este escenario adverso, los árboles de Ginkgo biloba fueron unos de los pocos seres vivientes que sobrevivieron la explosión del bombardeo atómico de Hiroshima.
Esta supervivencia llevó a las y los investigadores a analizar las características de esta especie, descubriendo propiedades extraordinarias. Resulta ser un «fósil viviente», el único superviviente del orden Ginkgoales, con fósiles que datan de hace más de 270 millones de años, desde el periodo Pérmico de nuestro planeta.
«Su forma —de acuerdo con la ponente— ha cambiado muy poco desde la era de los dinosaurios, permitiéndole presenciar la evolución de la vida en nuestra Tierra. Ha sobrevivido a extinciones masivas y cambios climáticos drásticos durante millones de años».
Dentro de las características fundamentales que le permitieron salir adelante fue la lignificación, un proceso en que la lignina, un «pegamento» vegetal que une las fibras de celulosa, le proporciona a la planta capacidades de resistencia mecánica, impermeabilidad y protección contra patógenos en plantas leñosas.
Otra característica es la resistencia de su cambium vascular, una fina capa de células madre entre la madera interna y la corteza externa que se diferencia en otros tejidos a lo largo de la vida del árbol. Se cree que las explosiones nucleares destruyeron las capas externas de la planta, pero no la corteza interior, que fue lo suficientemente resistente como para proteger su vida interna.
«Después de la explosión —destacó la investigadora de CULagos— se tenía un árbol sin hojas, pero en la primavera aún conservaría la energía suficiente para desarrollar brotes y comenzar a formar nuevas hojas».
Otras características que le otorgan su profunda resiliencia son su genoma inusualmente grande y complejo, estimado en 10.6 mil millones de pares de bases, un número tres veces mayor que el del ser humano; su alto contenido de compuestos antioxidantes, su capacidad de activar enzimas antioxidantes endógenas, y distintos mecanismos celulares y moleculares avanzados que protegen su maquinaria genética y metabólica.
Un punto muy interesante de la presentación de la Dra. Sofía Loza fue que el Ginkgo biloba «no presenta signos de senescencia fisiológica, su muerte generalmente se debe a factores externos y no a la vejez», lo que nos entrega una especie longeva y duradera, no afectada por la edad. En algunos casos no sólo no hay envejecimiento, sino que los árboles siguen creciendo de forma acelerada conforme avanza el tiempo.
Entre las conclusiones de la presentación, la ponente comentó que esta especie representa un puente temporal entre el pasado remoto de nuestro planeta con la actualidad, «símbolo de resistencia, salud y belleza natural». Su estudio y conservación, en sus palabras, son fundamentales para entender la evolución y aprovechar sus beneficios, pues es un «tesoro botánico», patrimonio único en nuestro mundo.
Atentamente
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Redacción: Román Villalobos Manzo
Fotografía: Minerva Murguía Martínez

