Seminario Rosalind Franklin: comprendiendo la relación entre nuestros cerebros y el amor

La Dra. María Isabel Pérez Vega explicó algunos de los procesos neurobiológicos que están relacionados con lo que conocemos como el amor y cómo lo que sentimos depende del flujo de distintas hormonas en nuestro cerebro

Este lunes 9 de febrero de 2026, en el Auditorio Dr. Horacio Padilla Muñoz del Centro Universitario de los Lagos (CULagos) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), se llevó a cabo una conferencia más del Seminario Rosalind Franklin de este ciclo 2026-A. 

La ponente en esta oportunidad fue la Dra. María Isabel Pérez Vega. Ella es Doctora en Ciencias del Comportamiento por la UdeG y Licenciada en Biología por la misma institución. En CULagos se desempeña como Profesora Investigadora Titular C en el Departamento de Ciencias de la Tierra y de la Vida (DCTV). 

Además de contar con reconocimientos como el Perfil Deseable Promep y pertenecer al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), la Dra. Isabel Pérez lidera el Cuerpo Académico UDG-CA-611: Neurociencias y Fitofarmacología, estudiando cuestiones como la plasticidad cerebral y los mecanismos neurobiológicos que subyacen al comportamiento, el aprendizaje y la memoria. 

En esta ocasión, la Dra. Isabel Pérez se encargó de impartir la conferencia «La neurobiología del amor». La intención, teniendo en órbita la celebración del Día del Amor y la Amistad el 14 de febrero, fue explicar algunos de los procesos neurobiológicos que están relacionados con lo que conocemos como el amor, y cómo lo que sentimos depende del flujo de distintas hormonas por nuestro cerebro. 

En el transcurso de la charla, la ponente se dedicó a explicar de forma detallada algunos conceptos que le dieron cuerpo a la exposición. Explicó, por ejemplo, que el amor es un proceso que entra a nuestro cerebro a través de la percepción, que es la capacidad de recibir información sobre el entorno por medio de nuestros sentidos, de manera seleccionada, organizada e interpretativa, para darles un significado. 

Así, el amor «se aloja» en nuestro cerebro, en donde surgen emociones placenteras que dan felicidad y euforia. «El enamoramiento —comentó la Dra. Isabel Pérez— provoca una serie de alteraciones fisiológicas intensas debido a una tormenta neuroquímica, caracterizada por la liberación de dopamina, adrenalina y norepinefrina». 

Lo anterior produce cambios fisiológicos que resultarán familiares para cualquiera que haya experimentado esa emoción: taquicardia, sudoración, las famosas «mariposas en el estómago», insomnio, falta de apetito, euforia y disminución de la sensación de dolor. 

La Dra. Isabel Pérez Vega detalló los tres sistemas que son explicables a partir de la neurobiología del amor, cada uno con diversas implicaciones y respuestas hormonales a nivel cerebral. 

En primer lugar está la fase del deseo o atracción sexual, que tiene una clara finalidad a nivel evolutivo: la reproducción. La intensidad de nuestra respuesta a esta fase disminuye con el paso del tiempo. 

Después, está la fase de atracción o amor romántico, que es una fase de estabilización en la que «la búsqueda de una pareja sexual estable tiene una recompensa cerebral, pues activa el neurotransmisor asociado a la motivación y la recompensa, la dopamina». 

Por último, está la fase del apego, en la que ocurre «una vinculación afectiva intensa y duradera que se consolida y desarrolla entre dos individuos», con todas las implicaciones emocionales que conlleva. 

A su vez, la ponente explicó algunos factores interesantes sobre la relación entre el chocolate y el amor, por ejemplo, en el sentido de que este alimento estimula la producción de neurotransmisores asociados al placer, la felicidad y la reducción del estrés, en un proceso similar al del amor. 

Cerca de la conclusión, enumeró algunos beneficios del amor para la salud, entre los que se encuentran una mejora de las defensas del cuerpo, debido al incremento en la producción de endorfinas, y una reducción de los niveles de estrés, pues se disminuyen los niveles de cortisol del organismo. 

Así, al final, la Dra. Isabel Pérez Vega mencionó que «estar enamorado tiene grandes beneficios para la salud física y mental, no sólo en las primeras etapas del enamoramiento, sino cuando se encuentra la estabilidad y la calma en pareja», consolidando un lazo de confianza que nos brinda placer y felicidad. 

 

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Redacción: Román Villalobos Manzo

Fotografía: Alondra Ochoa Torrentera